Inventario verificable
Se localizan URLs, activos, redirecciones, campos, plantillas e integraciones antes de elegir qué migra.
Migraciones controladas de contenido, URLs y funcionalidad que preservan visibilidad y contexto al cambiar de plataforma.
Migrar una web es mover negocio, señales SEO y procesos; no solo archivos.
Una migración web WordPress exige controlar contenido, URLs, imágenes, formularios, etiquetas, datos y comportamiento del sitio antiguo. La parte visible es el final: la seguridad está en el inventario, las pruebas y una publicación que se pueda revertir o corregir sin improvisar.
El alcance se define a partir de la decisión que debe facilitar la web, los datos que la sostienen y la operativa que el equipo quiere impulsar.
Se localizan URLs, activos, redirecciones, campos, plantillas e integraciones antes de elegir qué migra.
Cada URL relevante tiene destino, estado y motivo; no se redirige todo a la home ni se deja a Google adivinar.
Se prueban formularios, analítica, canonicals, sitemaps, robots y errores antes y después de abrir el cambio.
La solución se ajusta a la situación de partida. Estas son las capas que se revisan para aportar valor al encargo.
La migración se planifica como un cambio de sistema en marcha: URLs, formularios, analítica, buscador, idiomas y redirecciones deben seguir funcionando mientras se incorpora la nueva base de WordPress.
En una migración se rompen cosas que no se ven: imágenes que apuntan al dominio antiguo, enlaces internos a URLs que ya no existen, formularios que dejan de enviar, etiquetas de analítica que no se copian y páginas con posiciones ganadas que acaban en un error. Nada de eso aparece al mirar la portada, que suele quedar perfecta. Por eso el trabajo se organiza alrededor de un inventario verificable y de comprobaciones después de publicar, no alrededor del aspecto.
Volcar tablas de un sitio a otro reproduce también los problemas que tenía el original. Una migración con criterio revisa qué contenido merece viajar, corrige las URLs absolutas que apuntan al servidor antiguo, normaliza los medios y deja las imágenes en la mediateca en lugar de servidas desde otro dominio. Es más trabajo que un volcado, y es la diferencia entre estrenar una web y arrastrar diez años de deuda a un servidor nuevo.
Publicar una migración es el momento de más riesgo del proyecto y conviene tratarlo como tal: ventana acordada, copia previa verificada, comprobación de formularios, canonicals, sitemap, robots y errores del servidor en la primera hora, y un camino de vuelta si algo sale mal. Que exista ese camino de vuelta es lo que permite publicar sin sobresaltos, aunque casi nunca haga falta usarlo.
Sí, pero aumenta el riesgo porque se alteran más señales a la vez. Se necesita un mapa de redirecciones especialmente riguroso y una ventana de seguimiento tras publicar.
Se documentan como parte del inventario. Un formulario que llega a otro buzón o un CRM que deja de recibir datos es una pérdida de negocio, no un detalle técnico.
No hace falta tenerlo resuelto: hace falta tenerlo reunido. La web actual, a quién os dirigís, qué ofrecéis, qué materiales existen y quién decide. En la primera fase se separa lo que bloquea de lo que puede resolverse mientras se construye.
Por recorridos y decisiones, no por número de pantallas. Se concreta qué tiene que poder hacer una persona, qué contenido lo sostiene y qué queda fuera de esta fase, y eso es lo que se presupuesta.
Menos de lo que se teme, pero en momentos concretos. Hacen falta dos o tres sesiones de decisión y acceso a quien conoce el negocio. El resto avanza sin reuniones de seguimiento que no deciden nada.
Se revisan los recorridos que importan en móvil y escritorio, los formularios, la velocidad real, la accesibilidad y lo que cambia de sitio respecto a la web anterior. La revisión sale del alcance, no de una lista genérica.
Por la calidad de las consultas que llegan y por lo que el equipo consigue hacer solo. Una subida de visitas sin mejores conversaciones no es una mejora, y conviene decirlo antes de empezar.
Queda documentado cómo se edita cada cosa y una lista priorizada de lo que se dejó para más adelante. A partir de ahí, o lo lleva el equipo o se acuerda un seguimiento por fases.
Los casos muestran cómo se traduce el trabajo en una situación real.






Una conversación breve permite concretar el encaje, las decisiones necesarias y el siguiente paso.